¿Por qué aumenta el riesgo cardiovascular después de la menopausia?

Durante mucho tiempo hemos asociado las enfermedades cardiovasculares principalmente a los hombres. Sin embargo, las enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos son una de las principales causas de enfermedad y mortalidad en las mujeres.
Y hay una etapa de la vida en la que merece la pena prestar especial atención a nuestra salud cardiovascular: la transición hacia la menopausia y los años posteriores.
Pero ¿qué tiene que ver dejar de menstruar con la salud de nuestro corazón? ¿Por qué aumenta el riesgo cardiovascular después de la menopausia? ¿Y qué podemos hacer para protegernos?
Vamos a entender qué sucede en nuestro organismo y cómo podemos cuidar nuestra salud a largo plazo.
1. Los estrógenos y su papel protector sobre el corazón
Los estrógenos, especialmente el estradiol, son hormonas que intervienen en numerosas funciones del organismo. Además de su papel en el ciclo menstrual y la salud reproductiva, participan en la regulación del sistema cardiovascular.
Entre sus funciones destacan:
- Favorecen la salud de los vasos sanguíneos: contribuyen a mantener la función del endotelio, la capa de células que recubre el interior de las arterias y que participa en la regulación de su dilatación y contracción.
- Influyen en el metabolismo de los lípidos: participan en la regulación del colesterol LDL (conocido como colesterol malo) y HDL (colesterol bueno).
- Intervienen en la regulación metabólica: tienen efectos sobre la sensibilidad a la insulina y la distribución de la grasa corporal.
- Participan en los mecanismos inflamatorios y vasculares: contribuyen a mantener el equilibrio de diferentes procesos relacionados con la salud arterial.
Durante la transición menopáusica, la producción de estrógenos por los ovarios disminuye y se producen cambios en estos mecanismos.
Es importante matizar que los estrógenos no son un escudo absoluto frente a las enfermedades cardiovasculares. Su presencia no garantiza que una mujer esté protegida, pero su disminución coincide con cambios que pueden favorecer un perfil cardiovascular menos saludable.
2. ¿Qué cambia en nuestro organismo después de la menopausia?
La disminución de los estrógenos no es el único factor implicado. Durante esta etapa se producen diferentes modificaciones metabólicas y corporales que pueden aumentar el riesgo cardiovascular.
Aumenta la grasa abdominal
Uno de los cambios más frecuentes es la redistribución de la grasa corporal.
Aunque el peso no aumente demasiado, muchas mujeres experimentan un incremento de la grasa acumulada en la zona abdominal y una reducción relativa de la grasa en caderas y muslos.
La grasa visceral, que se acumula alrededor de los órganos abdominales, tiene una actividad metabólica importante y se relaciona con:
- Mayor resistencia a la insulina.
- Alteraciones de los niveles de glucosa.
- Aumento de la inflamación metabólica.
- Mayor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.
Por eso, no debemos fijarnos únicamente en el número que marca la báscula. La composición corporal y la distribución de la grasa también importan.
Cambia el perfil del colesterol
Tras la menopausia pueden aumentar los niveles de colesterol total y LDL, mientras que también pueden modificarse los niveles de triglicéridos y HDL.
Estos cambios favorecen la aparición y progresión de la aterosclerosis, un proceso en el que se acumulan placas de grasa, colesterol y otras sustancias en las paredes de las arterias.
Con el tiempo, estas placas pueden dificultar la circulación sanguínea y aumentar el riesgo de infarto de miocardio o ictus.
Puede aumentar la presión arterial
La presión arterial tiende a aumentar con la edad y, durante la transición menopáusica y los años posteriores, pueden producirse cambios que favorezcan la hipertensión.
La hipertensión es especialmente importante porque suele ser silenciosa: podemos tener cifras elevadas sin notar ningún síntoma.
Por eso, medir la tensión arterial periódicamente es una de las medidas más sencillas y eficaces para cuidar nuestro corazón.
Puede empeorar la sensibilidad a la insulina
La resistencia a la insulina es otro de los cambios metabólicos que pueden aparecer o hacerse más evidentes durante esta etapa.
Esto significa que las células responden peor a la acción de la insulina y el organismo necesita producir más cantidad para mantener la glucosa dentro de los valores adecuados.
Cuando se combina con un aumento de grasa visceral, sedentarismo y otros factores de riesgo, puede favorecer el desarrollo de diabetes tipo 2.
3. ¿Todas las mujeres tienen el mismo riesgo cardiovascular?
No. La menopausia es una etapa importante, pero el riesgo cardiovascular depende de múltiples factores.
Algunos de ellos no podemos modificarlos, como la edad, los antecedentes familiares o determinadas condiciones médicas.
Otros sí están relacionados con nuestros hábitos y pueden abordarse mediante prevención y seguimiento sanitario.
Entre los principales factores de riesgo encontramos:
- Hipertensión arterial.
- Colesterol LDL elevado.
- Diabetes tipo 2.
- Tabaquismo.
- Sobrepeso y obesidad abdominal.
- Sedentarismo.
- Alimentación poco saludable.
- Consumo elevado de alcohol.
- Estrés crónico y alteraciones del sueño.
También es importante prestar atención a determinados antecedentes específicos de la salud femenina, como la menopausia prematura, la preeclampsia, la hipertensión gestacional, la diabetes gestacional o los antecedentes de parto prematuro.
Estos antecedentes pueden aportar información relevante para valorar el riesgo cardiovascular a lo largo de la vida.
4. ¿Qué podemos hacer para proteger nuestro corazón?
La buena noticia es que existen medidas eficaces para reducir el riesgo cardiovascular. Y no es necesario esperar a la menopausia para empezar a incorporarlas.
1. Entrena tu fuerza muscular
El entrenamiento de fuerza es uno de los grandes aliados de la salud durante esta etapa.
Ayuda a mantener la masa muscular, mejora la sensibilidad a la insulina, favorece la salud ósea y contribuye a mantener una composición corporal saludable.
No es necesario entrenar a alta intensidad. Lo importante es adaptar el ejercicio a nuestras capacidades y mantener la regularidad.
Combinar ejercicios de fuerza con actividad aeróbica, como caminar a buen ritmo, nadar, montar en bicicleta o correr, es una estrategia especialmente beneficiosa.
2. Cuida tu alimentación sin recurrir a dietas restrictivas
La alimentación mediterránea es un patrón nutricional con amplia evidencia en prevención cardiovascular.
Prioriza:
- Verduras y frutas variadas.
- Legumbres varias veces por semana.
- Cereales integrales.
- Frutos secos naturales.
- Aceite de oliva virgen extra.
- Pescado, especialmente pescado azul.
- Proteínas de calidad.
Reduce el consumo de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas, exceso de sal y carnes procesadas.
No se trata de comer menos, sino de aportar al organismo los nutrientes que necesita para mantener una buena salud metabólica y muscular.
3. No olvides controlar tu tensión arterial y tu colesterol
La prevención también implica conocer nuestros valores de salud.
Es recomendable realizar un seguimiento individualizado de:
- Presión arterial.
- Colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos.
- Glucosa y, cuando esté indicado, hemoglobina glicosilada.
- Peso y perímetro abdominal.
La frecuencia de estos controles dependerá de la edad, los antecedentes y los factores de riesgo de cada mujer.
4. Deja de fumar y limita el alcohol
El tabaco aumenta considerablemente el riesgo cardiovascular. Dejar de fumar aporta beneficios a cualquier edad.
Respecto al alcohol, no existe una cantidad que pueda recomendarse como beneficiosa para la salud cardiovascular. Cuanto menor sea el consumo, menor será el riesgo asociado.
5. Cuida tu descanso y tu salud emocional
Los problemas de sueño son frecuentes durante la transición menopáusica y pueden estar relacionados con los sofocos, los sudores nocturnos y otros cambios hormonales.
Dormir mal de forma persistente puede dificultar el control de la presión arterial, la glucosa y otros factores metabólicos.
Mantener horarios regulares, realizar actividad física durante el día y consultar cuando el insomnio sea persistente son medidas importantes.
También debemos prestar atención al estrés crónico y buscar espacios de descanso, ocio y relaciones sociales satisfactorias.
5. ¿La terapia hormonal de la menopausia protege el corazón?
Esta es una de las preguntas más frecuentes.
Aunque los estrógenos tienen efectos favorables sobre algunos mecanismos cardiovasculares, la terapia hormonal de la menopausia no debe utilizarse para prevenir enfermedades cardiovasculares.
La evidencia científica ha demostrado que su efecto depende de factores como la edad, el tiempo transcurrido desde la menopausia, la vía de administración y las características individuales de cada mujer.
En mujeres sanas menores de 60 años o que se encuentran dentro de los primeros 10 años desde el inicio de la menopausia, el balance beneficio-riesgo puede ser favorable cuando existe una indicación adecuada, especialmente para tratar síntomas menopáusicos.
Sin embargo, no todas las mujeres son candidatas y la decisión debe individualizarse mediante una valoración sanitaria.
La terapia hormonal puede estar indicada para aliviar síntomas como los sofocos y los sudores nocturnos, pero no sustituye a las medidas de prevención cardiovascular ni al tratamiento de factores de riesgo como la hipertensión o el colesterol elevado.
6. La menopausia también es una oportunidad para prevenir
La menopausia no debe entenderse como el comienzo inevitable de un deterioro de nuestra salud cardiovascular.
Es una etapa en la que nuestro organismo experimenta cambios y en la que resulta especialmente importante revisar nuestros hábitos, conocer nuestros factores de riesgo y realizar un seguimiento adecuado.
No debemos esperar a tener síntomas para preocuparnos por nuestro corazón. La hipertensión, el colesterol elevado y la diabetes pueden evolucionar durante años sin producir molestias.
Además, debemos recordar que los síntomas de un infarto en las mujeres pueden incluir dolor o presión en el pecho, pero también dificultad para respirar, náuseas, sudor frío, dolor en la espalda, mandíbula o brazos y cansancio inusual. Ante síntomas compatibles con un infarto, hay que llamar al 112.
Cuidar nuestro corazón es cuidar nuestra salud presente y futura.
La fuerza muscular, una alimentación equilibrada, el movimiento diario, el descanso y los controles sanitarios adecuados son herramientas fundamentales para llegar a las próximas décadas con más salud, autonomía y calidad de vida.
En Matronas AMANE queremos recordarte que la prevención cardiovascular también forma parte de la salud de las mujeres y que nunca es tarde para empezar a cuidarse.










