Mitos relacionados con las infecciones de orina: el ángulo

Las infecciones urinarias, especialmente la cistitis, son muy frecuentes en mujeres y muchas aparecen tras las relaciones sexuales. En consulta surge a menudo una pregunta muy concreta: ¿el ángulo de penetración influye en la aparición de infecciones de orina? Vamos a separar mitos de lo que sí sabemos con base científica y, sobre todo, a centrarnos en qué medidas ayudan de verdad a prevenirlas.
¿Existe evidencia científica sobre el ángulo de penetración?
A día de hoy, no hay evidencia científica sólida que demuestre que un ángulo de penetración concreto cause infecciones urinarias. Las cistitis postcoitales no se deben a la “postura” en sí, sino al arrastre de bacterias desde la zona perineal y anal hacia la uretra durante la actividad sexual.
La uretra femenina es corta y está muy próxima a la vagina y al ano. Durante el coito, el movimiento repetido facilita que bacterias —sobre todo Escherichia coli— asciendan por la uretra hasta la vejiga. Esto puede ocurrir con cualquier postura, independientemente del ángulo de penetración.
Entonces, ¿por qué algunas mujeres notan más infecciones con determinadas posiciones?
No es tanto el ángulo como la fricción, la presión sobre la uretra y el tiempo de la relación. Posturas que generan más roce en la zona uretral o menos lubricación pueden irritar la entrada de la uretra, facilitando la colonización bacteriana. Pero esto varía mucho de una mujer a otra.
Lo que sí tiene respaldo científico para prevenir infecciones urinarias:
Orinar después de la relación sexual.
No es un mito. Ayuda a arrastrar bacterias que hayan podido entrar en la uretra durante el coito.
Buena hidratación.
Beber suficiente agua favorece la micción frecuente y reduce la capacidad de las bacterias para adherirse a la pared vesical.
Lubricación adecuada.
La sequedad vaginal aumenta la fricción y la irritación uretral. Usar lubricantes reduce microlesiones y molestias.
Evitar espermicidas.
Los productos con nonoxinol-9 alteran la flora vaginal y aumentan el riesgo de infecciones urinarias.
Higiene sencilla, sin excesos.
Lavar la zona genital externa con agua o productos suaves es suficiente. Las duchas vaginales y productos íntimos agresivos alteran la microbiota protectora.
Vaciar la vejiga con regularidad.
Aguantarse las ganas de orinar aumenta el riesgo de infección.
Cuidar la microbiota vaginal.
Una flora vaginal equilibrada protege frente a infecciones. En mujeres con infecciones recurrentes, los probióticos vaginales u orales pueden ser útiles en determinados casos.
¿Y algunos trucos prácticos que ayudan en el día a día?
– Evitar relaciones sexuales muy prolongadas sin pausas si tienes tendencia a cistitis.
– Cambiar de postura si notas molestias uretrales durante el coito.
– Evitar ropa interior muy ajustada o sintética tras las relaciones.
– En mujeres menopáusicas, valorar tratamiento con estrógenos vaginales si hay sequedad o atrofia, ya que reducen claramente las infecciones urinarias recurrentes.
¿Cuándo consultar?
Si tienes infecciones de orina frecuentes (dos o más en seis meses, o tres o más en un año), conviene una valoración médica. Existen pautas preventivas y tratamientos específicos que pueden mejorar mucho la calidad de vida.
En resumen, no hay un ángulo de penetración “culpable”. La clave está en reducir la entrada de bacterias, proteger la uretra y cuidar la microbiota vaginal y urinaria. Con información y pequeños cambios, muchas infecciones pueden prevenirse.










